13/07/2026

Cloro, sol, viento, aire acondicionado y polen forman parte del paisaje habitual del verano. También son la razón por la que muchas personas terminan el día con los ojos rojos, con picor o con una sensación de arenilla molesta.
La mayoría de las veces se trata de una irritación pasajera. Pero en otras ocasiones puede ser el aviso de algo que conviene revisar con un especialista en oftalmología.
El enrojecimiento ocular, conocido médicamente como hiperemia conjuntival, ocurre cuando los vasos sanguíneos de la superficie del ojo se dilatan. En verano esto se produce con más frecuencia por la combinación de varios factores ambientales.
El cloro de las piscinas, la sal del mar, el viento y la radiación solar alteran la superficie ocular con más facilidad que en otras estaciones. A esto se suma el aire acondicionado, que reseca el ambiente y acelera la evaporación de la lágrima.
El cloro altera el pH natural del ojo, lo que provoca ardor, inflamación y enrojecimiento tras el baño. Es una de las causas más comunes en estas fechas, especialmente si se nada sin gafas de protección.
Usar gafas de natación y evitar frotarse los ojos después del baño ayuda a reducir mucho esta molestia. Si el picor persiste varias horas después de salir del agua, conviene prestar atención.
La exposición prolongada al sol sin protección puede generar una auténtica quemadura en la córnea, conocida como fotoqueratitis. Los síntomas incluyen enrojecimiento, dolor intenso y molestias al mirar la luz.
El aire acondicionado y el viento, por su parte, resecan la lágrima y dejan una sensación de ojo áspero o cansado. Usar gafas de sol homologadas con filtro UV es una de las medidas más sencillas y efectivas para prevenir ambos problemas.
La conjuntivitis alérgica aparece cuando el ojo reacciona ante un alérgeno como el polen, el polvo o los ácaros. El cuerpo libera histamina, lo que provoca enrojecimiento, picor intenso y lagrimeo.
A diferencia de otras causas, la alergia ocular suele acompañarse de picazón nasal, estornudos o congestión. También es frecuente que afecte a ambos ojos por igual y que empeore en espacios con polen o polvo en suspensión.
La sequedad ocular por aire acondicionado o pantallas produce más sensación de ardor y arenilla que picor intenso. La irritación por cloro o sol suele limitarse al momento de la exposición y mejora al lavar el ojo con agua limpia.
La alergia, en cambio, tiende a repetirse en los mismos contextos y responde bien a las gotas antihistamínicas. Si los síntomas se repiten cada verano, puede ser útil identificar el desencadenante concreto junto a un especialista, e incluso completar la valoración con un análisis clínico si se sospecha de una causa alérgica de fondo.
No todo ojo rojo requiere una visita urgente, pero hay señales que conviene no pasar por alto. El dolor intenso, la visión borrosa, la sensibilidad extrema a la luz o la secreción amarillenta o verdosa son motivo de consulta.
También es importante acudir a revisión si el enrojecimiento no mejora en un par de días, si afecta solo a un ojo de forma repentina o si aparece tras un golpe o el contacto con un producto químico. Si no estás seguro de qué especialista necesitas, nuestro equipo de medicina general puede orientarte y derivarte al servicio adecuado.
La prevención es sencilla y no requiere renunciar a ningún plan de verano. Usar gafas de sol con filtro UV 400 y gafas de natación en la piscina o el mar son dos hábitos que marcan la diferencia.
Lavarse las manos antes de tocarse los ojos, evitar bañarse con lentillas puestas y aplicar lágrimas artificiales sin conservantes cuando hay sequedad son medidas igual de importantes.
Evitar frotarse los ojos cuando hay picor es una de las recomendaciones más repetidas por los especialistas, ya que puede empeorar la irritación o favorecer una infección. Mantener una buena hidratación general también ayuda a que la superficie ocular esté mejor protegida frente al calor.
Si usas lentes de contacto, es preferible optar por lentillas diarias durante el verano y desecharlas de inmediato tras el baño. Guardar unas gotas lubricantes en el bolso o la mochila de playa puede aliviar la molestia en el momento en que aparece.
Cuidar los ojos es una parte más del bienestar general en verano. Si además notas tensión ocular por el uso prolongado de pantallas, un buen complemento puede ser dedicar un rato a desconectar en nuestro SPA de Rivas, donde el descanso también ayuda a reducir la fatiga visual.
Muchas personas relacionan la visita al oftalmólogo únicamente con problemas de graduación, pero una revisión también permite descartar otras causas de enrojecimiento persistente. Es especialmente recomendable si usas lentillas, pasas muchas horas frente a pantallas o tienes antecedentes de alergia ocular.
Una consulta a tiempo evita que una irritación leve se convierta en un problema mayor durante los meses de más actividad al aire libre.
En EmSalud Collado Villalba ya puedes reservar una cita previa online con nuestro equipo de oftalmología para descartar cualquier problema y recuperar el bienestar visual antes de que avance el verano.
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