Podología: cómo adaptar tus pies al zapato cerrado después del verano

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Después de varias semanas con sandalias, chanclas o incluso caminando descalzo, volver al calzado cerrado puede suponer un cambio importante para tus pies.

Desde la podología podemos ayudarte a cuidar tus pies y detectar a tiempo problemas que pueden empeorar con el cambio de calzado.

¿Qué ocurre cuando pasamos de las sandalias al zapato cerrado?

Durante el verano, nuestros pies suelen estar más expuestos y utilizan un calzado mucho más abierto. Esto permite mayor libertad de movimiento, pero también puede favorecer la aparición de sequedad, pequeñas durezas o cambios en la piel.

Con la llegada de septiembre, el pie vuelve a estar durante muchas horas dentro de un zapato cerrado.

Este cambio puede aumentar la presión y el roce en determinadas zonas, especialmente si el calzado es demasiado estrecho, rígido o no se adapta correctamente a la forma del pie.

Principales molestias de la vuelta a la rutina

No todos los pies reaccionan de la misma manera al cambio de calzado. Sin embargo, hay algunas molestias que aparecen con mayor frecuencia durante esta transición:

  • Rozaduras y ampollas.
  • Durezas y callosidades.
  • Dolor en los dedos.
  • Uñas presionadas por el calzado.
  • Uñas encarnadas.
  • Sensación de presión en el antepié.
  • Dolor en la planta o el talón.
  • Sobrecarga después de pasar muchas horas de pie.

Si una molestia persiste o dificulta caminar con normalidad, es recomendable consultar con un profesional de podología.

Cómo preparar tus pies para el calzado cerrado

No es necesario esperar a que aparezca el dolor para empezar a cuidar los pies. Una buena adaptación al calzado puede ayudarte a reducir molestias durante la vuelta a la rutina.

Elección del calzado adecuado

Al elegir el calzado para la vuelta al trabajo o al colegio, presta atención a aspectos como:

  • Que tenga suficiente espacio para los dedos.
  • Que no comprima el antepié.
  • Que permita una sujeción adecuada.
  • Que sea cómodo desde el primer momento.
  • Que se adapte a la actividad que vas a realizar.
  • Que no provoque presión o roce en ninguna zona.

Adapta el calzado de forma progresiva

Si has pasado todo el verano utilizando sandalias, no es necesario comenzar utilizando un zapato cerrado durante muchas horas desde el primer día. Siempre que sea posible, aumenta progresivamente el tiempo de uso.

De esta forma podrás comprobar si aparecen zonas de presión, rozaduras o molestias antes de que se conviertan en un problema mayor.

Cuidado de las uñas

Las uñas también pueden sufrir con el cambio a un calzado cerrado, especialmente cuando existe presión sobre los dedos.

Para prevenir molestias:

  • Corta las uñas de forma adecuada.
  • Evita dejarlas excesivamente cortas.
  • No intentes solucionar por tu cuenta una uña que esté inflamada o clavándose.
  • Presta atención a cambios de color, grosor o forma.
  • Utiliza un calzado que permita suficiente espacio para los dedos.

 

Si tienes una uña encarnada o dolorosa, acudir a podología puede evitar que el problema se agrave.

Molestia normal frente a señal de alarma

Al retomar el ejercicio es habitual notar cierta fatiga o agujetas, especialmente los primeros días, tanto en corredores como en jugadores de pádel o quienes vuelven a las pesas. La diferencia está en la intensidad y en la duración: una molestia leve que desaparece al parar es normal en esta fase, mientras que un dolor punzante o que se mantiene en el tiempo es una señal de alarma que no conviene ignorar.

¿Cuándo debes acudir a un podólogo?

Muchas personas esperan a tener un dolor importante para consultar. Sin embargo, existen señales que indican que tus pies necesitan una valoración profesional.

Consulta con un especialista en podología si notas:

  • Dolor al caminar o permanecer mucho tiempo de pie.
  • Durezas o callos que resultan molestos.
  • Rozaduras que aparecen repetidamente con el mismo calzado.
  • Uñas encarnadas o inflamadas.
  • Dolor en el talón, arco o antepié.
  • Sensación de sobrecarga después de caminar.
  • Desgaste irregular de tus zapatos.
  • Molestias que aparecen cada vez que utilizas un determinado calzado.

 

Una valoración puede ayudar a identificar si la molestia está relacionada únicamente con el calzado o si existe alguna alteración en la pisada.

Podología en Rivas: cuida tus pies durante todo el año

En EmSALUD contamos con servicio de podología, donde se valoran de forma individual diferentes problemas relacionados con la salud del pie, la pisada y el calzado.

Nuestra consulta de podología aborda problemas frecuentes como uñas encarnadas, callos, durezas, papilomas, fascitis plantar y otras molestias del pie.

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