La importancia de la podología en las personas de tercera edad

podología

Para las personas mayores, la salud de los pies es, literalmente, el soporte de su autonomía y calidad de vida. Un pequeño problema en el pie de un anciano puede ser el inicio de una cascada de complicaciones que terminen en la pérdida de movilidad o caídas graves.

Patologías comunes y qué se puede descubrir

El podólogo suele ser el primero en detectar problemas sistémicos graves a través de los pies:

  • El Pie Diabético: En personas mayores con diabetes, la sensibilidad disminuye (neuropatía). Pueden tener una piedra en el zapato o una herida y no sentirla. Si no se trata profesionalmente, una simple ampolla puede derivar en una úlcera o gangrena.
  • Onicogrifosis (Uñas engrosadas): Las uñas se vuelven tan duras y curvas que el paciente no puede cortarlas en casa, lo que causa dolor al calzarse.
  • Alteraciones circulatorias: Un pie frío, amoratado o sin vello puede indicar al podólogo que la sangre no está llegando bien, alertando sobre posibles problemas vasculares.
  • Deformidades: Juanetes (hallux valgus) o dedos en garra que, debido a la artrosis, dificultan encontrar un calzado adecuado.

Beneficios de la atención podológica regular

  • Mantenimiento de la movilidad: Al eliminar durezas (callos y helomas) y tratar el dolor, el anciano se siente seguro para seguir caminando y socializando.
  • Prevención de infecciones: Los hongos en las uñas (onicomicosis) son muy comunes y difíciles de erradicar a esta edad sin tratamiento profesional.
  • Asesoramiento en calzado: El podólogo recomienda el tipo de zapato (con buena sujeción, suela antideslizante y cierre de velcro si hay artritis en las manos) para evitar accidentes.

¿Cuándo solicitar la visita al podólogo?

No se debe esperar a que el anciano se queje (muchos lo ven como «cosas de la edad» y aguantan el dolor). Es necesario ir si:

  1. Dificultad para el autocuidado: Si la persona ya no llega a sus pies o no tiene fuerza en las manos para usar el cortauñas.
  2. Cambio de color o temperatura: Pies muy pálidos, azulados o excesivamente calientes.
  3. Aparición de heridas que no cierran: Especialmente crítico en diabéticos.
  4. Inestabilidad al caminar: Si el paciente empieza a arrastrar los pies o se siente inseguro.

Consecuencias de no acudir

  • Efecto Dominó en la Movilidad: El dolor al caminar obliga a cambiar la postura. Esto provoca pérdida de equilibrio y un aumento drástico del riesgo de caídas, que a esta edad suelen terminar en fracturas graves (como la de cadera).
  • Riesgo Crítico de Amputación: En personas con diabetes, una herida que no se ve o no se siente puede infectarse rápidamente. Sin supervisión profesional, estas lesiones pueden derivar en úlceras y gangrena.
  • Infecciones Incontroladas: Las uñas mal cortadas o los hongos se vuelven crónicos, pudiendo causar infecciones en la sangre o en los tejidos profundos (celulitis) que son difíciles de tratar en ancianos.
  • Deformidades Permanentes: Juanetes y dedos en garra no tratados acaban por fijarse, haciendo que sea imposible encontrar calzado y convirtiendo cada paso en una tortura.

Mitos que debes desterrar

  1. «El dolor es normal por la edad»: Falso. El dolor siempre es señal de una patología que un profesional puede aliviar o curar.
  2. «Cualquier zapato ancho sirve»: No basta con que sea ancho; debe ser estable y sujetar el talón para evitar tropezones.
  3. «El remojo con sal es el mejor remedio»: Error. Ablanda demasiado la piel y facilita infecciones o quemaduras por falta de sensibilidad.
  4. «Es solo para cortar uñas»: El podólogo realiza diagnósticos vasculares, biomecánicos y cura lesiones que evitan amputaciones en casos graves.
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